
EDUCA
CONEXIÓN
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CONEXIÓN
No fue un momento épico, no hubo música de fondo, no hubo iluminación. Fue un “no” simple, en un día normal, con cansancio real.
Mi hijo quería algo, yo ya había dicho que no. Y ahí apareció la escena de siempre: insistencia, frustración, el intento de negociar, el “pero por qué”, el “solo esta vez”, el llanto subiendo. Y en mi cabeza, el pensamiento automático: “Si sostengo el no, le estoy haciendo mal porque está llorando, realmente lo quiere.” Respiré, lo miré y en lugar de justificarme o entrar en pelea, dije: “Entiendo que lo quieras. Y mi respuesta sigue siendo no. Estoy acá con vos.”
Mi hijo lloró, se enojó, se frustró y después… pasó algo que deseaba pero no esperaba. No se rompió, no se traumatizó, no quedó distante, todo lo contrario. Se calmó, volvió, me buscó y el día siguió.
Ese fue el día que entendí algo clave: el “no” no daña a un niño. Lo que lastima es cómo se lo damos.
Lo que de verdad lastima no es el límite: es la forma
Un límite puede doler (porque frustrar es parte de crecer). Pero no tiene por qué humillar, asustar o desconectar.
Lo que suele lastimar no es el “no”, sino:
el grito
el sarcasmo
el chantaje emocional (“me vas a enfermar”)
la amenaza
la indiferencia (“andá a tu cuarto, no me hables”)
el sermón eterno que convierte un límite en juicio
El límite sano hace esto:
ordena
da seguridad
baja el caos
construye confianza (“mi adulto me cuida, aunque no me guste lo que decide”)
Decir “no” sin culpa: en 4 pasos simples
Este es el formato que más funciona en la vida real porque es simple y repetible.
1) Conectar antes de corregir: no es permiso, es contacto.
Frases cortas:
“Veo que lo querías mucho.”
“Entiendo que te dé bronca.”
“Te escuché.”
Clave: tono calmo + presencia. Si la frase es correcta pero el tono es duro, el niño escucha amenaza.
2) Límite breve y claro: sin discurso, sin negociación infinita.
“No. Hoy no se compra.”
“No. Ahora no hay pantalla.”
“No. No voy a permitir golpes.”
Mientras más hablás, más abrís la puerta a discutir.
3) Sostener sin explicarte de más: el cerebro del niño frustrado no está listo para una charla TED.
Tu trabajo es sostener:
“Sé que no te gusta. Mi respuesta sigue siendo no.”
“Podés enojarte. Igual se sostiene.”
“Estoy acá con vos.”
4) Reparación y reconexión: después de la tormenta, viene el aprendizaje.
“Gracias por calmarte.”
“¿Querés un abrazo o querés espacio?”
“¿Qué podés hacer la próxima vez cuando te enojás?”
Esto enseña que el conflicto no rompe el vínculo.
Qué hacer cuando tu hijo llora o explota
(y vos sentís que sos “mala madre/padre”)
Acá va una verdad incómoda que libera: la frustración es parte del desarrollo. Tu hijo no necesita que le evites frustrarse. Necesita que lo acompañes a atravesarla sin perder el vínculo.
Por eso ayuda tener una frase ancla para cuando llegue ese momento. Te dejo una de ejemplo que suele sostener mucho:
“Mi decisión se mantiene, estoy acá para acompañarte en lo que sentís.”
Y tu tarea interna, que va a ser la más desafiante, porque como adultos no queremos que ellos “sufran”:
no apurarte a “arreglar”
no comprar paz a cambio de ceder
no entrar en el juego de justificarte para que deje de llorar
Si tu hijo llora no es fracaso, a veces ellos lo necesitan porque es parte de su descarga emocional.
Frases que ayudan y frases que empeoran
En vez de…
“Porque lo digo yo.”
“Si seguís así, te quedás sin…”
“No llores por eso.”
“Sos insoportable.”
“Me estás manipulando.”
Probá con…
“No. Y lo sigo sosteniendo.”
“Veo que estás muy enojado. Estoy acá.”
“Podés llorar. Te acompaño.”
“No voy a permitir gritos/golpes. Te ayudo a calmarte.”
“Querés que sea sí. Igual es no.”
El gran error que nos hace sentir culpa
Solemos entrar en un estado de caos donde confundimos:
ser firme con ser duro
poner límites con ser autoritario
acompañar emociones con ceder
La culpa suele aparecer cuando creemos que solo hay dos opciones: cedo para que no sufra o sostengo el no y soy cruel. Y nada más lejos de la realidad.
Hay una tercera opción adulta: sostengo el no con amor y presencia.
Si llegaste hasta acá es hora de ponernos en acción, elegí un solo límite que hoy estás negociando de más:
pantalla
golosinas
horario de dormir
“uno más”
tono de respeto
Y practicá tu secuencia de respuestas, también te dejo un ejemplo:
“Entiendo que lo querés.”
“Mi respuesta es no.”
“Estoy acá con vos.”
No más palabras, no más explicación. Recordá que el objetivo no es que no haya llanto, sino que no se rompa el vínculo.
Tu hijo no necesita un adulto perfecto, necesita uno estable
Decir “no” sin culpa no es ser frío, es ser claro. Y claridad, para un niño, es contención.
Si hoy te cuesta, no significa que no servís para esto. Significa que estás intentando criar distinto a como te criaron, y eso no es menor.
Lectura sugerida: Cómo establecer límites sin gritar ni castigar.
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